perdí las llaves de mi casa,

en el lugar donde las colgamos no estaban

ni arriba de la mesa, de la mesita, de la mesada,

de la repisa de la cocina, del baño, del cuarto

adentro del inodoro, no estaban.

en ningún bolso, ni dentro de las bolsas de las verduras.

busqué adentro de la heladera, del microondas

en el cordón de la vereda

entre las hojas secas,

entre la basura de la bolsa negra

y de la bolsa de los secos.

revolví las piedras de la gata,

barrí, me fije arriba de la cama,

entre las ropas, pero no estaban.

los pintores de los vecinos

que estuvieron todo el día en el patio,

también perdieron las llaves,

pero las de la camioneta,

buscaron arriba de los techos,

en la medianera,

en la pila de ramas de la enredadera

en los bolsillos,

en los tachos de pintura y los plásticos

que no usaron para tapar el suelo,

resignados llamaron a un cerrajero.

se hicieron las cinco de la tarde,

susana llamó a la puerta,

qué te pasa, me dijo

perdí las llaves, dije

ella sonrió con todos los dientes:

deben estar donde no las ves,

entré a sacar la pava del fuego, quise agarrar el repasador

pero no estaba,

encontré las llaves.

 

 

 

 

 

no me importa
estoy en instagram
o mirando netflix
prefiero las fotitos
de casas gatos viajes y perros
el pie derecho va torcido
cada vez más para afuera
tengo unas medias rojas y otras mostaza
si es que el mostaza es un color
desde hace tiempo que no usamos
algunos colores
porque no da, porque lo usaba tal
porque el amarillo puaaajjjjj
a mi me gusta el amarillo
todo el resto no.
necesitamos unas flores
sobre la mesa del comedor
para que el otoño sea
un poco menos triste
más vino
y labios partidos
de sonrisas bordo,
hace meses que no compro libros
sólo tazas y platos
ya no escribo en papel
notas en el celular
recuerdo ese capítulo donde en el vivero o el acuario
el pez sólo en la pecera entristece
basta con ponerle un espejo.
las lineas que recorren la suela de tus zapatillas
los cinco centímetros que dividen la cama
espaldas
el ruido de las piedras de la gata
el pájaro cuando la ventana abierta
el lavar ropas del vecino
el desodorante de pino
los domingos cuando limpia
las puteadas cuando juega river
lo hermético del frío.

listas

las infinitas neurosis

comer cosas naranjas

el trapo en lavandina

el pie con el que piso

el volumen en par

el agua fría, siempre

los tiros, invisibles, a automovilistas

los olores

la luz justa entrando por la ventana

la puerta del baño cerrada

lavar la ropa por tipos

la clásica, la pasta de dientes

dormir de un mismo lado

las que no registro.

todas las lluvias que nos trae este febrero

el olor a vainilla en casa

el silencio de la tarde

las manchas que aparecieron en el techo

el brillo de los pisos

los cuerpos, menos pieles, más pinturas

el reloj parado a las seis menos cuarto

los miedos,

los sueños donde me pierdo

 

 

 

 

 

tolosa, las vías, italia

días donde el camino a casa

atiborrado de recuerdos estalla

la siesta desvelada/por la campana del heladero

el té con limón

los paseos en auto

la canasta de los mates con azúcar

los platos enlosados con flores

la piel,  casi de muñeca

los cabellos con hilos plateados

los delantales

la caramelera blanca

las cocinas, azulejos celestes

las zanahorias que sacábamos de la tierra

las alcaparras secando al sol

la escalera a la terraza

las jaulas

la flor de nácar

el acento

las mañanas cuando

lavabas las espinacas

las mañanas cuando

ayudaba a contar las monedas

el frío y las naranjas

los pasos/largos como zancos

buscando los hongos de las cortezas

cuando en la avenida no estaban todos los edificios

cuando la ciudad no tenía

todos los olores y los recuerdos.

 

 

 

 

 

será eso la vejez, el tarareo?
cuando niña veía esa película
que al tipo gigante
de su boca le salían millares de insectos
y los gestos de cuando más grande
la profesora con sus manos
se sacaba de la garganta el cordón
librando con un jaleo
todos los pesares que los humanos cargan,
para así cambiar la historia.
la natura es caprichosa decían
y quemaban los troncos de los árboles caídos.
un invierno
almuerzos de oficina en plaza moreno
mis labios rojos
tuppers y paquetes de rotisería,
con un chico armábamos listas

 

 

me pinto las uñas de cyan

porque dicen que es mi color favorito

el cedrón está alto, muy alto

y copó la mitad del patio

las cubeteras siempre

tienen olor a pescado

de ese que se te impregna en los dedos

y los gatos saborean,

un verano fui re joven

y sabía todas las letras de memoria

ahora las tarareo,

será eso la vejez

el tarareo?

estamos bañados en sal

podríamos deshidratar todas las verduras del mundo

si nos envolvieran.

 

 

 

 

 

mosquitos

quiero unos helechos para decorar toda la casa,
para volverla, un poco tropical, un poco otro lado
tengo tres libros abiertos sobre la cama,
y pilas gigantes que nunca voy a leer
hoy, hace un toque de frío
hace unos días parecía otoño
hoy, creo, también.
otoño que sensibiliza
y parte los labios
que el vino colorea,
me aburro fácil
me canso aún más rápido,
me quejo, me encanta quejarme
a veces me tiraría al piso a patalear
sin razón, para hacer berrinche
para llamar tu atención.
entre los vinilos hay un costurero
mosquitos

 

pum… correr

loop

se te sacude todo, y pensas que está todo cada vez más salado, que nos estamos bardeando entre nosotres, que por qué mejor, no les robamos a los ricos, o a los garcas, o a las multinacionales, a los que posta hacen que esté todo cada vez más podrido… que la poesía no cambia la realidad, que la transformación… la revolución, el cambio social… a veces siento que se nos escapó la tortuga, y que este año posta no va a ser mejor que el anterior… y que así van a seguir.

áspero

podrido

amargo

miedo

y la tristeza cala hondo, re profundo

y el nudo en la garganta

y ves como la violencia se replica, en la tele, en el diario, en el diálogo en el que tenes al lado, en la calle, arriba del auto, de la bici…y así la lista sigue…

y miedo, y tristeza, y tantas preguntas y ganas que no entran en el cuerpo.

 

 

los esqueletos de robots gigantes, metálicos

se ciernen al lado de las vías

un tipo pedalea rápido

el rostro cuarteado debajo de la visera naranja

sus manos asoman por las mangas de la camisa de jean gastada

como sus ojos con éste diciembre eterno

creo que son camalotes los que llegaron con la crecida

un monte de caña frente a la iglesia evangelista,

los canas se llevan una moto en la caja de la camioneta

y el niño se silencia y me dice: estoy mirando a la policía.

debe haber algún fetiche con las palmeras en las ramblas.

los viajes traen, creo, lo mismo que el viento

o el río.

las enredaderas copan, se vuelven una manta

las vacas amotinadas bajo una sombra,

y al costado, huesos

algún bicho pudriéndose.

derruído

en la habitación los hongos coparon el empapelado

el cieloraso, los vidrios

en la biblioteca sobresale un libro

“el caos del mundo”,

sobre la alfombra papeles amarillos

y una botella de vino vacía.

 

 

 

 

de ayer

van veinte días de diciembre, y acabo de terminar de leer el último libro de Verónica Rosenthal, en un momento mientras leía que a ella la golpeaban, le pateaban las costillas, la cara, el culo, hasta partirla toda y que su boca se llenase de sangre. leía y me acordaba de cuando tenía 15 y veía por la tele en un día como hoy y más días como hoy y como ayer y miles de días que no los muestran por la tele, veía cómo las balas pegaban, golpeaban, pateaban las costillas, la cara, el culo hasta matar. hasta rompernos todo en mil pedazos. veíamos con mis viejos sentados en el sillón, que aquel entonces era azul. hace cuatro días, también veía cómo las caras  de cuando los gritos a que se fueran, son muchísimas las mismas que hoy siguen ahí…siniestro.

ayer a la mañana leí algo que hablaba sobre los cuerpos, las resistencias, los registros. el domingo escuché de la ciénaga, graciela borges, la copa, el disparo en el monte… sangre

van veintiún días de diciembre, y la frase que más resuena es, que se termine el año ya, que tan cansadas estamos (y yo pienso que si estamos cansadas es porque hacemos bocha de cosas, que está bueno estar cansadas, necesitar parar, aunque sabemos que no pasa) que fue un año de mierda, que está todo re podrido y yo lo huelo, y  me da miedo cuando voy en la bici y la gente está re sacada, y lo mejor que tiene para decirte es: conchuda, hija de puta, pelotuda, y yo quiero frenarles la bici al lado y explicarles que no da, que qué les importa a ellos si soy puta o no, si mi vieja es puta o no, que me expliquen qué es ser puta, que sí que tengo concha, y me re cabe, que por suerte pelotas no tengo. que si entienden lo que está diciendo, que si piensan en lo que están diciendo, que por qué lo están diciendo.  y me acuerdo de una profe que tuve, y que contaba que cuando la puteaban ella se limitaba a mirarles y decirles, amor: les falta amor. qué bueno que sería que todo se solucione con amor, vivir una vida re naif, yendo con tu varita mágica tirando polvito de amor…o vivir escribiendo poesía y así pasar los días.

veintiuno de diciembre a la mañana, voy a rescatar el termo que quedó de ayer al otro lado de la casa, lo traigo a la cocina, lo destapo, una bocanada de aire helado, el cielo completamente azul, el sol abrasa.